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Ciudades Inteligentes en América Latina: ¿Tecnología de vanguardia o diseño urbano centrado en las personas?

  • Foto del escritor: Daniel Solís Guzmán
    Daniel Solís Guzmán
  • 12 sept 2025
  • 3 min de lectura

Actualizado: hace 11 horas

En la última década, el concepto de Smart City o "Ciudad Inteligente" ha tomado por asalto las agendas públicas y los planes urbanísticos en todo el mundo. Promete resolver el caos urbano mediante el despliegue de redes 5G, sensores de calidad del aire, semáforos adaptativos impulsados por Inteligencia Artificial y centros de control integrados donde los datos fluyen en tiempo real.

Sin embargo, cuando trasladamos este paradigma gestado en entornos del hemisferio norte —como Songdo, Singapur o Ámsterdam— a la realidad de las metrópolis latinoamericanas, la ecuación cambia drásticamente.

Como diseñador que transita entre la escala física del producto, los sensores del IoT y la experiencia del usuario en el espacio público, a menudo me hago la misma pregunta: ¿Estamos diseñando ciudades verdaderamente inteligentes o simplemente estamos equipando infraestructuras obsoletas con tecnología costosa?

La brecha entre el "Top-Down" tecnológico y la realidad social

El mayor error metodológico en la planificación de Smart Cities en nuestra región es abordar la ciudad como un problema puramente tecnológico (tech-driven) en lugar de un ecosistema social y humano. Se suele privilegiar una estrategia Top-Down (de arriba hacia abajo), centrada en la compra de licencias, plataformas de monitoreo e infraestructura de vigilancia, dejando de lado la investigación etnográfica y la co-creación con la ciudadanía.

Expertos en urbanismo y tecnología como Adam Greenfield (Everyware: The Dawning Age of Ubiquitous Computing) o Saskia Sassen (Pensar la ciudad más allá de la ciudad / Centro para las Humanidades UDP, les recomiendo vean esta cátedra estando en nuestro país) han advertido durante años sobre los peligros de "computarizar" la ciudad sin entender su tejido social. En América Latina, donde las brechas de conectividad, la desigualdad territorial, la informalidad urbana y la fragmentación del transporte público son la norma, implantar sensores sin rediseñar el servicio subyacente es solo una ilusión de modernidad.

“Una ciudad verdaderamente inteligente no es la que recopila más Terabytes de datos al día, sino la que utiliza la información disponible para reducir la desigualdad y mejorar la calidad de vida cotidiana del peatón.”

Tres pilares para un diseño urbano verdaderamente centrado en las personas


Para que la tecnología en el espacio público cumpla una función transformadora y no segregadora, debemos aplicar los principios del Diseño Centrado en las Personas (Human-Centered Design) a escala urbana:



1. Accesibilidad universal y diseño para la diversidad

Una interfaz urbana digital (como un tótem de información en una parada de autobús o una aplicación de movilidad pública) debe ser utilizable por una persona mayor sin alfabetización digital, un usuario con discapacidad visual o alguien que viaja en un sistema de transporte saturado a las 7:00 AM. Si la Smart City requiere un smartphone de última generación y un plan de datos para poder navegar el espacio público, entonces está profundizando la exclusión.

2. Urbanismo táctico potenciado por Civic Tech

Antes de realizar inversiones millonarias en infraestructura definitiva, el diseño nos enseña a prototipar. El Urbanismo Táctico —intervenciones temporales, económicas y flexibles en el espacio público— combinado con sensores de bajo costo (tecnología Open Hardware / IoT) permite medir el impacto real de un cambio en la vialidad, la iluminación o la peatonalización antes de construirlo en concreto.

3. La calle como interfaz: Ética y soberanía de datos

¿Quién es el dueño de los datos recolectados por las cámaras de reconocimiento facial o los sensores de tráfico en nuestras calles? Ciudades como Barcelona han liderado la agenda de la Soberanía Digital Ciudadana, estableciendo que los datos generados en el espacio público son un bien común. En Latinoamérica debemos evitar modelos cerrados donde los datos de la ciudad queden secuestrados por proveedores privados de software.

Matriz de evaluación: ¿Tecnologización o Inteligencia Urbana?

Al evaluar cualquier iniciativa de Smart City en la región, sugiero analizarla bajo la siguiente matriz de valor:

Enfoque Centrado en la Tecnología (Tech-Centric)

Enfoque Centrado en las Personas (Human-Centric)

Meta: Desplegar la mayor cantidad de hardware y sensores.

Meta: Resolver un problema concreto de habitabilidad o movilidad.

Métrica: Número de dispositivos conectados o gigabytes capturados.

Métrica: Tiempo ahorrado por el usuario, seguridad percibida y accesibilidad.

Interacción: El ciudadano es un sujeto pasivo de recolección de datos.

Interacción: El ciudadano es un participante activo en el diseño y feedback.

Interfaz: Aplicaciones móviles aisladas e hiper-fragmentadas.

Interfaz: Ecosistemas multimodales integrados al entorno físico.


Conclusión: Rediseñar la tecnología desde el territorio


El verdadero futuro de las ciudades inteligentes en América Latina no vendrá empaquetado en una solución llave en mano vendida por una corporación multinacional. Vendrá de la capacidad que tengamos los diseñadores, arquitectos, ingenieros y gestores públicos de escuchar al territorio.

La tecnología debe ser el medio, jamás el fin. Diseñar una Smart City no es llenar las calles de pantallas y nodos IoT; es lograr que una persona camine segura por su barrio, que el transporte público sea eficiente y digno, y que la interacción con la ciudad sea una experiencia fluida, equitativa y con sentido humano.

 
 
 

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